9 de septiembre de 2011

Hoy hablemos de niños cabrónidos...

Básicamente estoy escribiendo este post porque el otro día estuve visionando la película ¿Quién puede matar a un niño?, basada en la novela El juego de los niños. Lo cierto es que me gustó bastante más que otras películas de su estilo. Si bien es cierto que los niños son inquietantemente cabrones, el motivo de que lo sean es todavía mucho más inquietante (y me gusta más la explicación de la novela).

Hace unos días os puse una entrada sobre los niños siniestros en la literatura fantástica de Silvina Ocampo. Y hoy hablamos sobre niños cabrónidos. Esto os hará pensar en por qué siempre digo que me gusta tanto pero nunca doy los motivos. A ciencia cierta, no lo sé. No sé por qué me llama tanto la atención, aunque en cierto modo, puede que hallemos una explicación en el título de la peli que vi el otro día: ¿Quién puede matar a un niño? 
(Estos niños no parecen estar muy tristes por haber matado a una señora...)

El niño de por sí es una alma cándida. El niño desprende candidez de por sí. Es como si en él no hubiese maldad, que toda estuviese concentrada en los adultos. El mundo de los niños está regido por una inocencia que sorprende a los adultos. Nadie se sorprende (no al menos como cuando lo hace un niño), por tanto, si un adulto comete un asesinato o una violación. Si estas horribles acciones las comete un niño, la cosa cambia un poco. La gente se sorprende hasta límites insospechados de que un querubín de diez años (tal vez menos, y aquí no voy a meter a adolescentes, me parece que ya sobrepasan la edad que deberíamos tener en cuenta) haya asesinado a sus padres con un hacha. Las razones de que haya hecho algo así: locura. En un adulto podemos pensar que ha sido otra cosa, como que es mala persona o algo por el estilo; pero con un niño no: el niño seguramente está loco, tiene doble personalidad, sufre psicosis... Cualquiera de esas cosas puede servir. 


 (A ver qué hace uno cuando un niñito así viene con un bisturí entre sus deditos para atacarnos)

Evidentemente, en algunos casos será cierto. En otros, ya no lo sé. ¿Acaso no podemos pensar que un niño puede ser cruel, sanguinario, despiadado, violento sin necesidad de que esté afectado por alguna enfermedad? ¿No es posible que la semilla de la maldad resida en el niño de forma natural?

Creo que es por ello que adoro la literatura y el cine en el que los protagonistas son niños que de por sí son crueles, capaces de matar escudándose en su inocencia. La mayoría de ellos son tan listos que sí, se escudan en ella, prometiendo a sus padres, hermanos, amigos, una convivencia llena de armonía y felicidad, con caritas sonrientes, dibujos bonitos y vocecillas dulces. Caritas que luego se convierten en muecas demoníacas, dibujos felices con papá y mamá en los que ellos luego aparecen descuartizados, vocecillas dulces que en un momento dado acaban siendo la voz de la conciencia de unos adultos que no se creen que esos niños puedan cometer un acto malvado.

Y ahí entraríamos en otro tema: ¿de dónde nace esa maldad? La maldad primitiva, no me refiero a una maldad que pueda verse justificada a causa de maltratos o cosas así (remito a la novela Carrie de Stephen King o incluso a El juego de los niños). Yo me refiero a una maldad que ha estado ahí siempre, sin motivo aparente. 

(Nadie imaginaría que una carita así puede esconder en el fondo tanta maldad. Una maldad primigenia)

Los niños siniestros lo son porque en realidad, tal y como decía Freud, lo peor es tener miedo a algo que alguna vez nos fue familiar. (Remito aquí a Cementerio de animales de Stephen King). Observar unos ojos que antes nos miraron con amor y de repente son ascuas. Unas manitas que nos abrazaron y acariciaron y ahora intentan estrangularnos. He ahí el verdadero terror, unido al miedo a la otredad. Sí, el otro es una figura que también recorre el terror, por supuesto. De la otredad quizá hable en otra ocasión.

Elena Montagud. Yume de Sen Jin


2 comentarios:

  1. Jejejeje, qué razón tiene la Yume. Parece indiscutible que lo más malrollista en términos de terror literario/cinematográfico son los niños cabrónidos. Fijaos en el buen partido que se les ha sacado en el cine -algo menos en la literatura, por lo que me consta- de terror de todos los tiempos. Y vaya, sí, yo creo que tiene que ver con ese turbador contraste entre la dulzura y la inocencia naturales de los infantes, y el despliegue de malahostia que protagonizan entre las teclas de los escritores y guionistas más retorcidos. Pura cabronidad :D

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  2. Yo creo que es exactamente por eso que comentas, por el contraste entre la figura angelical y prototípica de un niño, que se consideran ángeles puros, inocentes, y la figura diabólica que puede llegar a desatarse. Ahí reside el terror, inconcebible. Fíjate que en la mayoría de pelis de terror cuando meten a un niño diabólico o risitas de niños de fondo... la gente se sobrecoge.

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